Durante cinco años viví uno de los duelos más invisibles y solitarios que existen: perdí cuatro embarazos.
Cada pérdida fue un mundo. De ilusiones, de expectativas, de amor. Un duelo que muchos no comprenden del todo, porque no siempre se ve ni se nombra. En ese silencio, los caballos me salvaron.
A través del coaching asistido con caballos encontré algo que no había logrado en ningún otro espacio: una conexión honesta, sin juicios, sin necesidad de explicar nada. Los caballos no te piden que seas fuerte ni que estés bien. Te leen como eres, con tu tristeza, tu rabia, tu miedo. Y desde ahí, te acompañan.
Ellos me ayudaron a sostener el dolor cuando yo no podía. A volver a confiar en mi cuerpo, en la vida, en mí. Y lo siguen haciendo, cada vez que facilito una sesión para otras personas que también están atravesando un duelo.
Este trabajo no se trata de montar ni de técnicas terapéuticas convencionales. Se trata de estar presente, de conectar desde lo más auténtico, de permitirnos sentir. Los caballos son espejos emocionales que nos muestran aquello que a veces no queremos ver, pero que necesitamos mirar para sanar.
Si estás atravesando una pérdida —sea la que sea— quiero que sepas que no estás sola/o. Que hay formas diferentes, profundas y respetuosas de transitar el duelo. Y que los caballos pueden ser grandes compañeros en ese proceso.
Estoy aquí para acompañarte si lo necesitas.